Los fracasos como cuentakilómetros del éxito: la historia de Walter Disney

La palabra fracaso es un conjunto de letras que, a priori, no resulta nada atractiva. El significado que se esconde tras este término deriva en muchas ocasiones en frustración, otra palabra nada llamativa. Y la frustración, aunque resulte un sentimiento completamente legítimo en la naturaleza humana, debe ser aparcado en un rincón de nuestra mente para convertirlo en otro de oportunidad. Una de las máximas de mi libro “Los 88 peldaños del éxito” es “los fracasos son el cuentakilómetros del éxito*”. Porque no me interesa cuántos fracasos hayas tenido, sino qué has aprendido de cada uno de ellos.
Walter Disney, uno de los mayores ejemplos de emprendimiento y éxito que nos ha dejado el siglo XX, sufrió muchísimos momentos de fracaso y frustración. Para empezar, creó dos empresas de animación que tuvo que cerrar por pérdidas.
Tras estos fracasos, Disney llegó a Los Ángeles con 40$ en el bolsillo y ganas de dejar atrás su etapa como dibujante de animación. Probó suerte como director de películas de acción real, pero nadie le contrató.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que, como había sabido siempre, su talento, su “pozo de petróleo”, era la animación. Creó su primer estudio de animación en Hollywood en el garaje de su tío. Envió sus películas a distintas distribuidoras hasta que la Margaret Winkler se interesó por su trabajo y contrató los servicios de Disney para producir más películas de animación. Y así comienza la exitosa historia de The Walt Disney Company
Nuestra infancia no habría sido como la recordamos si Disney no hubiera seguido luchando tras sus fracasos. Y es que él supo que “no se alcanza el éxito evitando los fracasos, sino a pesar de ellos*”…

*Extraído de mi libro “Los peldaños del éxito” (peldaño nº22, “Los fracasos son el cuentakilómetros del éxito”).

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